¡Jo tío! ¿Que nos ha pasado?
Cuando llegué a Córdoba hacia un calorazo de la leche.. Un viejo que pasaba por allí dijo con acento cordobés "¡sincuenta gradoh!", yo me giré y alcancé a ver uno de esos paneles en los que se marcaba la hora y la temperatura... Pues sip, era cierto, todos esos grados caían por mi frente en forma de gotarrones de sudor, entonces pensé que la semana iba a ser tremenda.
Pero me equivoqué. Si bien es cierto que el calor era infernal y que antes de la siestuki me preguntaba religiosamente por qué la Mezquita aún no se habia derretido, la sensación de calor se minimizaba al volver a las clases... y no sólo por el aire acondicionado. Aún intento recordar alguna vez en Barcelona, en la facultad, un ambiente tan bonito y empático en alguna de las asignaturas que hice; gente que se interesaba por la gente, por el trabajo, por tu trabajo...
El flamenquito nocturno y su presentador en el Alcázar...
Salidas a la Terracita...
A la Corredera...
La noche de los Baños Árabes...
La cena en el Burladero...
Los que acabamos en el Arenal la última noche... (¿Era ése su nombre?)
En definitiva, que el sábado tuve una de las despedidas más chungas que recuerdo, parecía imposible que tuvieramos que volver a nuestras ciudades, a la realidad y soledad del escritor, mejor dicho, del guionista...
Mirándolo positivamente, lo aprendido (que no es poco) lo estamos aplicando ahora en nuestros trabajos. Lo enfocamos de otra manera, con otra perspectiva porque sabes que los que lo han leído o te han ayudado, siguen tu aventura, les gusta lo que escribes...¡ya no estamos solos! Luego, la gente: ¡Qué grandes que somos, joé!
Espero que para el próximo año, la Cordobitis se extienda.
M.
Detalle del patio principal de la Filmoteca de Andalucía, Córdoba